HISTORIA DE SAN JUAN-LOS VINOS DE TORRAGA

Solo un tanque de agua ubica al visitante, dice Mansero, el vino que elaboraba la bodega  “Nietos de Gonzalo Torraga”, establecimiento que fue lamentablemente famoso en 1993 en todo el país por la muerte de 29 personas intoxicadas con vino que salió de allí.

Hoy el predio, ubicado sobre calle Paula Albarracín de Sarmiento (entre de la Roza y del Carril), departamento Caucete, ha cambiado mucho respecto de lo que era en la década del ’90. Sin embargo quedan estructuras que recuerdan la historia de los vinos adulterados por los que fue condenado su propietario, Mario Torraga.

En la cara Este del mismo tanque, ubicado sobre un galpón de ladrillo visto que se mantiene en buen estado, puede adivinarse “Soy Cuyano”, la otra marca que elaboraba y comercializaba Torraga.

Desde adentro, el galpón es otra cosa y muestra el abandono: las piletas de cemento con las pequeñas bocas oxidadas, pintadas con nombres sus paredes que en algún momento fueron blancas y ya no hay vestigios del tinglado que las protegía.

No están los 6 tanques de metal que tenían capacidad para almacenar 170.000 litros cada uno, ya  que fueron vendidos en 2014. La construcción ubicada al fondo del predio hoy es ocupada por la cooperativa huarpe Polok Nenu, quienes elaboran harina de algarroba y productos de repostería con esa materia prima.

Adelante se conserva el galpón de herramientas y vivienda del casero. Allí vive Luis Carpio, quien realiza cañizos en el mismo predio para subsistir.

Las dos antiguas marcas que no lograron borrar del tanque de agua prueban la historia de la bodega.

Para los menos memoriosos, el caso de los “vinos envenenados”, como lo llamó la prensa, comenzó el domingo 21 de febrero de 1993, en la localidad de Ensenada, provincia de Buenos Aires, cuando un festejo familiar terminó con la muerte de seis personas luego de haber tomado los vinos de las marcas Soy Cuyano y Mansero.

Solo fueron los primeros, se contaron 29 fallecidos en distintas provincias del país como Entre Ríos, Corrientes y Misiones por beber estos vinos. También hubo un centenar de denuncias de personas que sufrieron síntomas de ceguera y daños neurológicos irreparables.

Días después de las primeras muertes, el entonces presidente Carlos Menem ordenó la clausura del establecimiento y nunca más volvería a elaborar vinos. Por esos días Torraga negaba cualquier manipulación de sus vinos.

En 1996 la Justicia Federal condenó a Mario Arnoldo Torraga a 15 años de cárcel, mientras que su hijo Guillermo,  varios empleados de la bodega y dos del INV, recibieron penas que iban de los 2 a los 6 años de prisión. Por el beneficio del dos por uno, la mayoría recuperó la libertad mucho antes.

Las crónicas periodísticas de la época señalaban que durante el juicio se evidenció que tanto el dueño de la bodega, como su hijo, el gerente, el enólogo y el capataz conocían de la adulteración que se hacía para “estirar” los vinos. Que Torraga compraba el metanol en Buenos Aires, a un amigo suyo que tenía una droguería; y, lo más grave, que con el alcohol metílico encontrado en los envases se podría haber matado a 10.000 personas, recordaba en una nota Michel Zeghaib en Tiempo de San Juan.

Torraga compró la bodega en los años ’80 y la rebautizó como “Nietos de Gonzalo Torraga”. Allí elaboraba vinos blanco y tinto que fraccionaba y vendía en damajuanas de 4 litros y medio, a un precio de $ 3,50, bajo los nombres de Soy Cuyano y Mansero, en varias zonas del país. Su centro de distribución era un depósito en Buenos Aires, donde el producto llegaba en camiones.

En  2008 la municipalidad de Caucete compró en remate la bodega que ocupaba un predio de 3 hectáreas pagando unos $ 300.000. Se proyectaba convertirla en un centro comercial para puesteros, artesanos y pueblos originarios del departamento.

A 26 años de la tragedia, la bodega mantiene las piletas donde estuvo el vino que causó dolor y estupor en todo el país.



Autor:Fuente DESTINO SAN JUAN

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