15 de abril de 2024

cómo es un día de campo en la estancia La Raquel


Era un instante mágico: una vez que dejábamos atrás el pueblo de Lezama había que prestar atención. Con el auto cargado de valijas e ilusiones rumbo a Mar del Plata, no bien cruzábamos el río Salado, mi papá decía “¡Ahora!”.

Entonces yo estiraba el cuello, a la derecha y a la izquierda, con la mirada fija en los árboles gigantes hasta que se hacía un blanco en el bosque y aparecía una silueta rojiza, imponente, con una torre. “¡Lo vi!”, gritaba yo, feliz por haber visto “el castillo de la ruta 2”.

¿Cuántas veces se repitió esta escena en el camino a las vacaciones familiares? Todas. Por eso, los recuerdos vienen de a miles en este domingo de verano y la expectativa va in crescendo a medida que nos acercamos con mis amigos al Km 168 de la autovía 2, en el partido de Castelli, provincia de Buenos Aires. ¿El plan? Disfrutar de un día de campo tradicional en la Estancia La Raquel, o sea, en ¡el castillo de la ruta 2!

Según el programa para el turismo, la tranquera se abre a las 11.30, con la promesa de una jornada “en contacto con la naturaleza, la historia y las comidas típicas argentinas”.

Después de un café de bienvenida, recorremos los jardines y la zona de la gran pileta, sin alejarnos demasiado porque ya se observa movimiento en torno a las mesas al aire libre y el asador.

Llegamos hasta la orilla del Salado, a un lado de los campos sembrados de girasoles, en el corazón del otrora Paso del Villar: el río estaba aquí lo suficientemente plano como para permitir el cruce de los caballos y las carretas, en años en los que no había ruta y ni puente.

Precisamente, hacia 1870 el lugar funcionaba como un puesto para descansar unas horas y seguir viaje.

El campo, la arboleda y la piscina junto al castillo de la familia de Felicitas Guerrero. Foto Estancia La RaquelEl campo, la arboleda y la piscina junto al castillo de la familia de Felicitas Guerrero. Foto Estancia La Raquel

La historia de la estancia se entrelaza con la familia de Felicitas Guerrero (1846-1872), una joven de la alta sociedad porteña, viuda, heredera de tierras y propiedades, y víctima de uno de los primeros femicidios conocidos en Argentina.

“Después de la muerte de Felicitas, estas tierras pasaron a manos de su hermano Manuel Guerrero. El castillo es posterior a Felicitas: él construyó el casco y se casó con Raquel Cárdenas, en una época donde se estilaba ponerle el nombre de la mujer a las estancias. Ellos tuvieron cuatro hijos: Marta, Manolo, Valeria y mi abuelo Luis”, cuenta Cecilia Guerrero, sobrina bisnieta de Felicitas.

A su vez, ella está casada con el sobrino de Juan Pablo Russo, quien era el esposo de Valeria, la última heredera del lugar.

La Fundación

En la actualidad, Cecilia y su marido trabajan junto a sus hijos para la estancia y la “Fundación Manuel Guerrero, Juan Pablo Russo y Valeria Guerrero Cárdenas de Russo”, una institución sin fines de lucro comprometida con el desarrollo de la cultura, las actividades solidarias y la producción agrícola sostenible.

La Fundación brindó apoyo para desarrollar una estación demostrativa de producción de 3.000 m2 en Abasto, a través del método de hidroponia para cultivar plantas: funciona a través de la disolución de minerales en agua en lugar de utilizar la tierra como en la agricultura tradicional.

A su vez, en 2021 donó el equipamiento integral que permitió al hospital de Castelli incorporar el servicio de neonatología, único en el corredor La Plata – Mar del Plata.

También se realizan eventos a beneficio vinculados a la cultura, jornadas de botánica paisajista y la cría de gallinas y ha huerta -para consumo propio- sirven como herramienta demostrativa para trasmitir el manejo sostenible bajo lineamientos de economía circular.

Día de campo en la estancia La Raquel, en Castelli. Foto Diana PazosDía de campo en la estancia La Raquel, en Castelli. Foto Diana Pazos

La historia de Felicitas

Considerada en su época como “la mujer más bella de la Argentina”, Felicitas Guerrero tuvo que casarse con Martín de Alzaga, quien le llevaba 32 años (ella tenía 18; él, 50), porque sus padres arreglaron el matrimonio solo teniendo en cuenta la fortuna de él.

Su vida de casada fue difícil, ya que tuvieron dos hijos y fallecieron ambos: uno de ellos murió a los 3 años, víctima de la fiebre amarilla y el otro falleció poco después del parto, al día siguiente de haber quedado viuda.

Heredera de toda la fortuna, con el tiempo se enamoró de Samuel Sáenz Valiente, y eligió la mansión familiar de Barracas para anunciar su casamiento.

Cuando llegó el gran día, apareció Enrique Ocampo (futuro tío abuelo de las escritoras Victoria y Silvina Ocampo), un pretendiente que siempre había estado enamorado de ella. Y al comprobar que ella efectivamente iba a casarse con Sáenz Valiente, le disparó por la espalda. Felicita murió al día siguiente, víctima de femicidio.

Pasado y presente

Desde su inicio, el castillo tuvo distintas etapas de construcción, empezando como casco de estancia y lugar de trabajo de Manuel Guerrero.

Dice Cecilia: “Se diseñó con dos pisos: en el subsuelo con la parte de servicio, luego venía la sala y el comedor, y arriba, las habitaciones. Hacia principios del siglo XX se puso de moda agregarle una torre a las casas, como hacían en Estados Unidos”. Todo esto fue planteado en 1894 y tuvo ampliaciones.

Si bien el predio se acerca a las 400 hectáreas en total, el parque tiene 80 hectáreas y fue diseñado por el paisajista danés Frederic Forkel, contemporáneo a Carlos Thays.

La fachada del castillo ya fue restaurada y están terminando el interior. Foto Estancia La RaquelLa fachada del castillo ya fue restaurada y están terminando el interior. Foto Estancia La Raquel

Después de años de reparaciones, la estancia reabrió sus puertas en 2023 para compartir su historia y su belleza arquitectónica y natural. “Decidimos reacondicionar el interior y el exterior del castillo -que estaba deteriorado-, con la idea de que funcione como hotel boutique. Las obras están avanzadas. Y cuando se terminó la fachada reabrimos para los días de campo”, explica.

Cecilia destaca que su intención es que la estancia mantenga la identidad, siga siendo familiar y los visitantes vean cómo el pasado se entrelaza con el presente de la mano de su historia familiar.

Todo esto forma parte también de la historia del país: Manuel llegó a tener unas 40.000 hectáreas afectadas a la producción desde 1888, con técnicas de avanzada, fue precursor de la lechería en la Cuenca del Salado y despachaba por tren a Buenos Aires 18 mil litros diarios desde la Estación Guerrero.

«También fue creada la fábrica de manteca, quesos y crema, y con sus hermanos, ingresaron la raza Aberdeen Angus a la Argentina”, relata Cecilia y recuerda que sus familiares impulsaron la creación de Pinamar, Ostende y Valeria del Mar. De hecho, el nombre es por su tía abuela Valeria, tía de Felicitas.

Experiencia única

Todo esto se explica en la visita histórica y tour botánico que se organizan en la estancia después del almuerzo bajo los árboles.

Asado, vacío, matambre y bondiola, el menú del día de campo tradicional. Foto Diana PazosAsado, vacío, matambre y bondiola, el menú del día de campo tradicional. Foto Diana Pazos

La Raquel ofrece hoy en día una experiencia única. Desde días de campo tradicionales con asado hasta variadas propuestas gastronómicas con chefs invitados, eventos sociales y empresariales.

Durante la recepción se sirven dips para untar las tostaditas, empanadas de carne y limonada. Como entrada se ofrecen choricitos al pan, matambritos y bondiola. El plato principal es asado, vacío y variedad de ensaladas; y el postre, flan mixto. En la merienda hay infusiones, budines y pasta frola. Y si se pide con la reserva, hay menúes sin TACC y vegetariano.

Hay que tener en cuenta que el día de campo se organiza algunos domingos de cada mes que se dan a conocer en Instagram (@laraquelestancia) y varían las propuestas (no siempre se sirve el menú tradicional con asado).

El próximo está previsto para el 24/3, y cuesta $ 34.000 por persona; y el menú infantil, $ 17.000.



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