15 de abril de 2024

El MET de Nueva York se propone valorar el arte salido del barrio de Harlem


De manera notoria, en el invierno de 1969 el Museo Metropolitano de Arte inauguró su primera exposición dedicada a la cultura afroamericana, pero con una muestra desprovista de obras de arte. Titulada “Harlem on My Mind: Cultural Capital of Black America, 1900-1968,” (Harlem en mi mente: capital cultural del Estados Unidos negro, 1900-1968), era todo cuestión de fotomurales con textos del tipo de los que se encuentra en los museos de etnografía.

De visita en la ciudad, siendo estudiante, me interné en las galerías de aquella muestra y aun con mi escaso conocimiento de la historia de los afrodescendientes, supe que algo estaba mal. Pronto me enteré de que no era el único. La exhibición se cerró debido al rechazo que causaba.

Un contingente de artistas contemporáneos de la comunidad negra, parte de quienes vivía y trabajaba en Harlem, autodenominado Coalición Cultural de Emergencia Negra, había estado haciendo piquetes frente al Museo y orientando su protesta también a otros espacios, encendiendo una mecha que con el tiempo detonaría como la ola multicultural de la década de 1980, con sus reclamos de inclusión y su afirmación de la identidad cultural, en el arte como en la vida, en términos de fuerza.

La artista Laura Wheeler Waring y su "Chica con una granada" (“Girl with Pomegranate", realizado hacia 1940. Foto de Karsten Moran/The New York TimesLa artista Laura Wheeler Waring y su «Chica con una granada» (“Girl with Pomegranate», realizado hacia 1940. Foto de Karsten Moran/The New York Times

En estos días, más de medio siglo después, el Met inauguró su segunda revisión sobre el arte negro, esta vez llamada “El renacimiento de Harlem y el modernismo transatlántico” (“The Harlem Renaissance and Transatlantic Modernism”), y es algo completamente diferente.

Todo es arte ahora: más de 160 pinturas, esculturas y fotografías, muchas absolutamente fabulosas. El Museo no presenta la exposición como una corrección institucional, aunque ¿cómo podría vérsela de otra manera?

Obra de Aaron Douglas: "Aspects of Negro Life: From Slavery Through Reconstruction” (1934) Foto de Karsten Moran/The New York TimesObra de Aaron Douglas: «Aspects of Negro Life: From Slavery Through Reconstruction” (1934) Foto de Karsten Moran/The New York Times

Al mismo tiempo, es más que solamente eso. Es el comienzo —o podría serlo— de un esfuerzo por dar el primer plano a una historia del arte aún subestimada, por ubicarla en el escenario principal.

La historia, que va desde aproximadamente 1918 hasta la década de 1930, tiene sus complicaciones. El renacimiento de Harlem no fue una “movida” en el sentido de constituir un movimiento estructurado, aunque tuvo sus arquitectos, en particular dos intelectuales públicos negros divergentes, W.E.B. Du Bois y Alain Locke.

“Feral Benga ”, del escultor Richmond Barthé. “Feral Benga ”, del escultor Richmond Barthé.

Tampoco se limitó a Harlem, ni siquiera a la ciudad de Nueva York. Buena parte de quienes estaban estrechamente asociados artísticamente con él vivían y trabajaban en otros lugares: Chicago, Filadelfia, París.

La «nueva negritud», una movida masiva

Por último, no fue estrictamente, ni siquiera principalmente, un fenómeno de arte visual. Inicialmente se definió en términos de nuevas direcciones en la literatura negra —Langston Hughes y Zora Neale Hurston fueron las estrellas emergentes— y en la música, particularmente el jazz.

Lo que sí fue es una especie de estado atmosférico, una onda transcontinental y transatlántica, un ideal de orgullo racial encarnado en la expresión «Nueva negritud» (New Negro), concepto que obtuvo aceptación instantánea a través de los ensayos escritos por Locke y publicados en la revista política progresista Survey Graphic, que dedicó su número de marzo de 1925 al tema “Harlem: Meca de la nueva negritud”.

En las vitrinas, una revista recoge el concepto trascendental de Locke, sobre la "Nueva Negritud". 1925En las vitrinas, una revista recoge el concepto trascendental de Locke, sobre la «Nueva Negritud». 1925

El ideal de Locke, perfilado por la Gran Migración Afroamericana desde el sur al norte del país y la Primera Guerra, acerca de una nueva estética negra cosmopolita, en la que se funden el clasicismo occidental, la innovación modernista europea, el arte africano y la cultura popular negra, domina la exposición, organizada por Denise Murrell, curadora general del Met. Y un retrato de Locke pintado por el artista germanoestadounidense Winold Reiss es lo primero que vemos antes de sumergirnos en el ajetreo del mismísimo Harlem.

Imagen perteneciente al archivo de James Van Der Zee; “Tea Time at Madam C.J. Walker’s Beauty Salon”, 1929. Imagen perteneciente al archivo de James Van Der Zee; “Tea Time at Madam C.J. Walker’s Beauty Salon”, 1929.

Uno de los guías que nos ha asignado Denise Murrell es el fotógrafo máximo del barrio, James Van Der Zee. En una de sus fotos nos lleva a tomar el té en un salón de belleza dirigido, fuera de su casa, por la empresaria del cuidado capilar Madam C.J. Walker. En compañía de su elegante clientela, W.E.B. Du Bois, que tenía gustos culturales conservadores, seguramente se habría sentido como en casa.

Por el contrario, probablemente no le hubiera gustado aparecer en la acuarela de Jacob Lawrence “Pool Parlor” (Salón de billar), un patchwork cubista y loco de líneas que rebotan desde 1942, ni en el cuadro de Archibald J. Motley Jr. de 1933 titulado “The Plotters” (Los maquinadores), que nos sienta con un grupo de tipos duros que parecen estar pasándose secretos inconfesables.

Al volver a la calle nos encontramos con bandas de música que desfilan y casas de pompas fúnebres y, en “Street Life, Harlem” (Harlem, la vida en las calles, al comienzo de este artículo), pintura del gran William Henry Johnson, damos con uno de los platos fuertes de esta muestra, una pieza asombrosa sobre una pareja espectacular y elegante de Harlem saliendo a dar un paseo bajo una luna semejante a un gajo de mandarina.

La exposición incluye un racimo de micromuestras temáticas, listas para una elaboración futura, si bien incompletas aquí. Una recoge el hilo africano del arte del renacimiento de Harlem, tomando como evidencia una máscara de cobre afro-déco abstracta de Sargent Claude Johnson, artista de San Francisco. Otras sugieren, a su manera abreviada, intercambios de influencias euroestadounidenses. El futuro pintor político Hale Woodruff crea paisajes impresionistas modernos; Henri Matisse, que en sus viajes a Nueva York iba a Harlem, pinta modelos de pertenencia negra.

“California Mask", obra de Sargent Claude Johnson, de 1934. Una pieza de cobre, con rasgos afro-déco.“California Mask», obra de Sargent Claude Johnson, de 1934. Una pieza de cobre, con rasgos afro-déco.

Es en tres presentaciones hacia la culminación de la muestra donde finalmente se abordan temas políticos específicos de la época de la nueva negritud. Una sección aborda la generalización del colorismo —exclusión social basada en el tono de piel— dentro de la comunidad negra. El cuadro de Laura Wheeler Waring de 1920 de dos mujeres, “Madre e hija”, una de piel clara y otra más oscura vistas en perfiles superpuestos, alude serenamente a esto.

También la política sexual podría ser un campo minado. El renacimiento de Harlem “fue seguramente tanto gay como negro”, escribió el crítico literario Henry Louis Gates Jr. en una oportunidad. Locke era gay, al igual que el escultor Richmond Barthé y el pintor Richard Bruce Nugent. Una instalación con muestras de sus obras, junto con el retrato desnudo en tonos del arcoíris de un James Baldwin adolescente realizado por Beauford Delaney, confirma esta realidad, aun cuando es necesario recurrir al catálogo para conocer la homofobia compartida incluso por pensadores negros progresistas de la época, entre ellos Du Bois (es uno de los defectos de la exhibición).

Lo queel mencionado intelectual Alain Locke quería para el arte negro nuevo era la misma visibilidad que siempre tuvo el arte blanco en la conciencia pública, en el mercado, en los libros de historia. Pero también insistió en que, en este nuevo arte, se ponga en primer plano, se mantenga y se fomente la identidad negra, para crear un cosmopolitismo fresco y distintivo. Esa dinámica es evidente en la exposición del Met, y también fue el objetivo fundamental del pensamiento multiculturalista radical, hoy subvalorado, de finales del siglo XX, que fue un renacimiento en sí mismo y parece maduro para una reconsideración.

Copyright The New York Times. Traducción Ramón García Azcárate



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