21 de abril de 2024

playas, desierto y mariscos espectaculares en este destino imperdible de Perú


Al descender en el aeropuerto de Lima, cautivan los aromas que flotan en el aire, que anuncian la experiencia culinaria extraordinaria que aguarda en la «Capital Gastronómica de América Latina».

Pero Perú tiene mucho más para ofrecer: también seduce con su variedad de paisajes naturales, un anzuelo para aquellos que buscan vacacionar y que están dispuestos a descubrir opciones como la ciudad de Paracas, el punto donde conviven la aridez del dorado desierto y la inmensidad turquesa del Pacífico.

Es bien conocido que Lima cuenta con una abundancia de restaurantes de alta calidad. De hecho, entre sus calles se encuentra el reconocido Central, liderado por el chef peruano Virgilio Martínez, catalogado como el mejor restaurante del mundo. Por esta razón, al planificar un viaje a la tierra del pisco, se aconseja establecerse en Lima como punto de partida: exquisitas experiencias culinarias e históricas calles impregnadas de cultura.

Pero para sumar al recorrido gastronómico unos días de relajación junto al mar y vivencias únicas en el desierto -como una cena exclusiva bajo las estrellas-, encontrarán en Paracas una buena alternativa.

Esta localidad está a tres horas en auto o cuatro y media en bus turístico o micro y ofrece una escapada perfecta para descansar (o no tanto).

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La ciudad costera al sur de Perú que brinda una amplia variedad de paisajes y actividades.

Cómo llegar de Lima a Paracas

El tráfico de Lima es complicado y peligroso; no se recomienda alquilar un auto salvo que uno tenga pensado alejarse del caos de la ciudad.

El viaje en micro o combi es la opción más económica -US$ 8- pero también es mucho más tedioso: el transporte de pasajeros que llega a Paracas tiene un límite de velocidad de 80 km/h, con paradas en todos los pueblos y se tarda 6 horas en llegar.

Los autos particulares pueden llegar a los 100 kilómetros aunque, no existen radares en esa ruta que los controlen.

Paracas es una ciudad costera que pertenece a la provincia de Pisco.

Para llegar hay que dirigirse hacia el sur y la ruta obligada es la Panamericana que hace ameno el viaje porque ofrece paisajes de lo más variados: sierras, playas, dunas y cultivos -entre ellos de espárragos y alcauciles, números uno en exportación en el mundo- que enriquecen la visual y hacen del camino una experiencia divertida.

Al costado de la ruta, cada 10 o 20 metros sorprende ver la cantidad de puestos que venden helados de frutas.

En Paracas el desierto se une con el mar. Foto: PromPerú. En Paracas el desierto se une con el mar. Foto: PromPerú.

El estado de la ruta es bueno por lo que es fácil conducir los casi 250 kilómetros que se necesitan para llegar a Paracas. En el kilómetro 245 se toma el desvío a Pisco y luego la entrada a Paracas. El camino tiene dos peajes por un total de 18 soles (US$ 5) lo que lo hace bastante accesible. El recorrido puede durar hasta 3.30 horas en auto.

Cómo es Paracas: playas fascinantes y las conchas de abanico más frescas

La Reserva Nacional de Paracas emerge como un tesoro natural que cautiva a cualquiera que la visite. Este santuario ecológico, proclamado como Reserva Nacional en 1975, protege y preserva una extensa franja de litoral y hábitats marinos, consolidándose como un destino imperdible para los amantes de la biodiversidad y la belleza paisajística.

El sol de Paracas está presente todo el año, aunque recomiendan viajar de agosto en adelante para evitar las tormentas de arena.

Según cuentan los lugareños, cuando el viento azota la ciudad suele detenerse por completo la actividad, y la gente no sale de sus casas. A pesar de la aparente hostilidad del entorno, estas tormentas son parte integral de la ecología local, dejando una huella temporal que añade un elemento fascinante a la belleza natural.

La Mina en Paracas es una de las playas más codiciadas. Foto: Daniela Gutiérrez.La Mina en Paracas es una de las playas más codiciadas. Foto: Daniela Gutiérrez.

Dentro de las numerosas playas que brinda la península de Paracas, La Mina es una de las más convocantes porque se encuentra resguardada por imponentes acantilados, con un entorno tranquilo y una extensa área de arena blanca perfecta para descansar.

Para llegar hay que descender una extensa escalera, pero vale la pena el esfuerzo: desde allí se contempla la inmensidad de la bahía de San Julián donde las dunas y el mar se juntan a lo lejos componiendo un paisaje imponente. Alquiler de una sombrilla y dos sillas, 30 soles (US$ 7.88) por día.

Pero en Paracas, como en Lima, también se puede comer muy rico. Aquellos fanáticos de los mariscos deben visitar Intimar, un parador y criadero de conchas de abanico. Allí ofrecen tours en lancha para adentrarse en las aguas del Pacífico y conocer a fondo sobre el manejo de este delicioso molusco.

Los que se animen pueden bucear para ver cómo se crían las conchas y hasta recoger algunas para luego degustarlas en el restaurante mirando el mar. Estos mariscos han convertido a Perú en potencia mundial en exportación de este producto.

Acantilados y playas en Paracas. Foto: PromPerúAcantilados y playas en Paracas. Foto: PromPerú

Este tour cuesta US$ 40 por persona. También ofrecen hospedaje.

De todos modos, Paracas tiene un amplio abanico de opciones para pasar la noche, desde hoteles 5 estrellas de cadenas como Hilton o Marriott hasta opciones más económicas como los bungalows de Bamboo Paracas Resort.

Explorar el desierto a toda velocidad y una cena romántica bajo las estrellas

En buggy por el deseirto California en Paracas. En buggy por el deseirto California en Paracas.

El desierto de la península de Paracas, conocido como el Desierto de California, se presenta como un espectáculo natural imponente. Este vasto y árido paisaje sorprende con dunas doradas que se extienden hasta donde alcanza la vista. Las formas caprichosas creadas por el viento en la arena y las tonalidades cambiantes durante el día ofrecen una experiencia visual única.

El atardercer en el desierto California. El atardercer en el desierto California.

Montar en un buggy a través de las inmensas dunas doradas de este desierto ofrece una experiencia llena de adrenalina, que para algunos puede resultar demasiado. Aunque no hay que preocuparse, los pilotos presumen de distinguir por su cara a los turistas y así poder darles un paseo más o menos vertiginoso.

Los vehículos todo terreno, que al subirse parecen no dar demasiada protección ante un vuelco, permiten explorar rincones remotos y paisajes que de otro modo serían inaccesibles. La suavidad de la arena bajo las ruedas, combinada con la velocidad y la agilidad del buggy, crea un cóctel de emociones para los aventureros y no tanto.

Cena en el desierto de Paracas. Cena en el desierto de Paracas.

Allí, en el mismo desierto, también hay travesías en 4×4, esta vez sí se siente la protección del vehículo que tiene la última tecnología y que manejan choferes expertos que fueron parte del Rally Dakar. El problema es cuando arrancan, estos señores mueven esas inmensas camionetas como si fueran bicicletas. No tiene ningún reparo en subir y bajar las inmensas dunas como si estuvieran en una montaña rusa.

Luego del paseo que desafía el vértigo de cualquiera, los pilotos regalan un respiro, frenan y dejan descender para poder contemplar un atardecer inolvidable, ideal para sacarse las mejores fotos y compartirlas en redes.

Al llegar la noche, la luna comienza a brillar sobre la arena dorada.

La última duna que ofrece una bajada casi en picada tiene una gran sorpresa. Al descender, y luego de pegar un gran grito por el susto y pensar que la vida termina ahí, aparece una carpa beduina que espera con un picnic bajo las estrellas en la inmensidad del desierto.

Degustación de conchas de abanico en Intimar. Degustación de conchas de abanico en Intimar.

Es una locación mágica con mobiliario especial: alfombras, almohadones, velas y antorchas y una suave música de fondo.

Allí se disfruta de una deliciosa comida peruana, con el más amable servicio y un paisaje único, que combina las dunas y el cielo de Paracas plagado de estrellas (desde U$S 205 por persona).



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