15 de abril de 2024

refugios de la historia y de la vida de campo


Probablemente nadie retrató mejor la cotidianeidad de los almacenes rurales que el artista Florencio Molina Campos: gauchos en torno a una mesa de madera jugando a las cartas entre paredes blanqueadas a la cal y descascaradas, una estufa a leña, algún almanaque o publicidad como decorado, otro gaucho acodado en un mostrador y, detrás, estanterías repletas de latas, botellas e infinidad de productos.

Escenas que se repetían a diario en cientos de almacenes de ramos generales y pulperías repartidos por la pampa húmeda, especialmente en la provincia de Buenos Aires pero también en Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa y otras provincias.

El origen de estos boliches se vincula directamente con la colonización española: el historiador Felipe Pigna cuenta que una de las primeras pulperías fue inaugurada en 1580 por Ana Díaz, una mujer que acompañó a Juan de Garay en la segunda fundación de Buenos Aires.

Escena típica en una pulpería retratada por Florencio Molina Campos.Escena típica en una pulpería retratada por Florencio Molina Campos.

En las inmensas extensiones de las llanuras, estos boliches se ubicaban en sitios estratégicos: junto a los Caminos Reales, en cruces de vías rurales transitadas y, más tarde, cerca de alguna estación de tren.

Cuando empezaron a recibir el correo, ir a buscar la correspondencia hizo que gauchos que podían pasar días sin hablar con nadie se encontraran, y se armaran charlas que pedían algún trago y solían continuar en juegos de naipes, taba, sapo; cualquier distracción del trabajo cotidiano.

La prohibición de venta de bebidas alcohólicas en la primera mitad del siglo XIX hizo que la mayoría se transformara en “almacén de ramos generales”, y pasara a vender de todo para el hombre de campo.

Se convirtieron así en “supermercados” del campo, donde los paisanos encontraban de caña y ginebra a vino en damajuana, tabaco, yerba, azúcar, arroz, pan, leña, herramientas, armas, telas, ropa, combustible, vajilla, aperos agrícolas y de montar, papel, medicamentos.

Otra de Molina Campos: gauchos jugando a la taba frente a un almacén de ramos generales. Foto Juano TesoneOtra de Molina Campos: gauchos jugando a la taba frente a un almacén de ramos generales. Foto Juano Tesone

No hay estadísticas certeras de cuántas pulperías llegó a haber en la provincia de Buenos Aires; en el siglo XIX se censaron 350, pero se cree que ya en 1810 eran al menos 500.

Hoy, muchas sobreviven, y otras revivieron. Algunas siguen siendo almacenes “como los de antes”; otras se reciclaron en restaurantes de campo que invitan a viajar al pasado entre almanaques de Molina Campos, botellas de aperitivo Lusera, Amargo Obrero o caña Piragua, sifones de vidrio, botellas cerámicas de ginebra, faroles a kerosene y un viejo fonógrafo.

Aquí, cinco ejemplos entre los muchos que mantienen vivas las tradiciones del campo. Una puerta -mejor, una tranquera- a la historia.

Una visita a la historia con un clásico de Los Ombúes: el sándwich de crudo y queso. Foto: Rafael Mario QuinterosUna visita a la historia con un clásico de Los Ombúes: el sándwich de crudo y queso. Foto: Rafael Mario Quinteros

Almacén Los Ombúes, Gobernador Andonaegui

“Nunca cerramos; seguimos abiertos todos los días, como desde hace mil años”, decía hace un tiempo Elsa Inzaugarat a Clarín.

Y vale para hoy: se dice que Los Ombúes es el almacén de ramos generales más antiguo en funcionamiento en la provincia de Buenos Aires, y que desde que abrió, hace más de 220 años, no cerró nunca.

Elsa Inzaugarat está al frente del almacén desde hace más de 30 años. Foto: Rafael Mario QuinterosElsa Inzaugarat está al frente del almacén desde hace más de 30 años. Foto: Rafael Mario Quinteros

Como un faro en la pampa húmeda, el edificio está protegido por unos árboles que le dan su nombre, en una curva del camino entre Chenaut y Gobernador Andonaegui, partido de Exaltación de la Cruz.

Y desde hace más de 30 años, al frente de esta institución está Elsa Inzaugarat, tercera generación de la familia desde que su abuelo compró el comercio, allá por 1905.

Atiende, como debe ser, tras un mostrador protegido por rejas –las originales, de más de 200 años-, en una ventana en una pared decorada con fotos y almanaques de Molina Campos, y un salón con mesas donde templar la garganta con caña en invierno o cerveza en verano. Aunque ahora “el fernet con cola le va ganando terreno a la ginebra o la caña”, dice Elsa con tono resignado.

Los vecinos de la zona siguen llegando a tomar unos tragos y jugar a las cartas. Foto: Rafael Mario QuinterosLos vecinos de la zona siguen llegando a tomar unos tragos y jugar a las cartas. Foto: Rafael Mario Quinteros

Pasando por un salón contiguo donde esperan algunas mesas de pool, se puede entrar al almacén, como lo hacen todos los días vecinos de los alrededores que vienen a comprar carne, alpargatas, pañales, pilas, útiles escolares, leña. Y también, como desde siempre, a jugar al truco, al pool o al fútbol en una cancha junto al viejo edificio.

Y llegan, además, muchos visitantes, que recorren el lugar detenidamente y se sientan a degustar alguno de sus sabores típicos, que van de empanadas caseras, fritas o al horno ($ 750) al clásico sándwich de crudo y queso (especialidad, $ 3.500), o picadas (para dos, $ 2.000).

Cómo llegar. A 112 km de Bs. As. por Panamericana-Ruta 9 hasta Zárate y ruta 193 hasta Chenaut. De allí, 5,8 km por el camino a Gdor. Andonaegui.

Tel. 2326 472477; FB: Pulpería Los Ombúes (no oficial).

Una esquina inconfundible de Mercedes. Foto Constanza NiscovolosUna esquina inconfundible de Mercedes. Foto Constanza Niscovolos

La Pulpería de Cacho Di Catarina, Mercedes

“Vienen muchas familias a ver cómo era un boliche en 1830, porque el lugar es auténtico y está intacto”, dice Fernanda Pozzi, sobrina del famoso Cacho, “el último pulpero”. Fernanda es cuarta generación familiar, y ya está asumiendo responsabilidades una quinta.

Este edificio de 1830, se cree, fue posta de carretas y viajeros, y el bisabuelo de Fernanda llegó en 1910; le siguió su abuelo, y desde 1959, su abuela con la ayuda de su tío Cacho, que entonces tenía 18 años.

"El lugar es auténtico y está intacto", avisa Fernanda Pozzi, sobrina del célebre Cacho Di Catarina. Foto Constanza Niscovolos«El lugar es auténtico y está intacto», avisa Fernanda Pozzi, sobrina del célebre Cacho Di Catarina. Foto Constanza Niscovolos

El lugar fue declarado “de interés general” y “Monumento Histórico”; conserva intacta su fachada, con el palenque para atar los caballos, y exhibe el afiche del film Don Segundo Sombra firmado por los actores, con la imagen de la pulpería y Cacho como actor debutante.

En el “rincón de las botellas antiguas” se apilan decenas de botellas cubiertas de polvo que eran del abuelo de Cacho y no se tocan desde hace 100 años. Otros tesoros son la orden de captura de Juan Moreira y su certificado de defunción.

Empanadas y picadas, alguno de los sabores de la pulpería de Cacho. Foto Constanza NiscovolosEmpanadas y picadas, alguno de los sabores de la pulpería de Cacho. Foto Constanza Niscovolos

Abre los viernes de 12 a 15 y sábados, domingos y feriados, de 12 a 18, cuando suma costillares, papas al disco y otros manjares. En invierno, el menú se amplía con comidas de olla -guisos, pastel de papas, puchero-, y siempre están las clásicas “empanadas de Cacho, con las recetas de mi abuela Figenia”, dice Fernanda. Spoileamos: son de carne, fritas en grasa.

Para el viernes 5 de abril prepara una “noche gastronómica” de la mano de un chef local, con bifes de chorizo con verduras “a la tierra”, postres con queso de cabra y selección de vinos (reserva previa).

Empanadas, $ 1.350; picada de La Pulpería (salame quintero, queso, bondiola), con galleta y pan, $ 14.300 para 2; tabla de parrilla (costillar al asador, vacío, pechito de cerdo, chorizo) con guarnición, $ 17.200 p/ 2.

● Cómo llegar. A 100 km de Bs. As. por Acceso Oeste y autopista Luján-Bragado (ruta 5).

@lapulperiadecachodicatarina

San Gervasio, firme en Tapalqué desde mediados del siglo XIX. Foto: Julieta TosoSan Gervasio, firme en Tapalqué desde mediados del siglo XIX. Foto: Julieta Toso

Pulpería San Gervasio, Tapalqué

Solo dar un paso hacia su interior y admirar los elementos originales que el lugar conserva, como el mostrador de estaño, las rejas o las estanterías, es viajar inmediatamente a mediados del siglo XIX.

Es que San Gervasio fue fundada “alrededor” del año 1850, con una fecha precisa que se perdió en los pliegues del tiempo. Y ya en 1863 proveía materiales para la construcción de las primeras casas del naciente pueblo de Tapalqué.

El antiguo salón de San Gervasio, un viaje al pasado. Foto Turismo TapalquéEl antiguo salón de San Gervasio, un viaje al pasado. Foto Turismo Tapalqué

El edificio que hoy luce su pintura renovada supo ser posta de carretas, almacén de ramos generales y, claro, también pulpería, de gauchos en torno a una caña y un juego de naipes. El viejo aljibe que se conserva en el exterior puede dar fe de ese tiempo.

Desde hace 51 años San Gervasio pertenece a la familia Toso, y a más de 170 años de haber nacido, sigue siendo lugar de encuentro de los habitantes de la zona. Detrás del mostrador, Pedro Toso, tercera generación de pulperos, es el guardián de la tradición que sostuvieron su abuelo, su padre y su tío.

Pedro nació aquí nomás, en Cacharí, a la vera de la ruta nacional 3, y se crió en este paraje. “Mi abuelo Pedro, hijo de italianos, nació en Tapalqué, y comenzó con la pulpería en 1925. Yo estoy desde 2015, y sigo abriendo porque me gusta, por mi familia y para mantener un sitio con tanta historia”, dice.

Al frente del boliche está Pedro Toso, tercera generación de pulperos. Foto Turismo TapalquéAl frente del boliche está Pedro Toso, tercera generación de pulperos. Foto Turismo Tapalqué

Hoy San Gervasio abre su magia los fines de semana desde mediodía hasta la tardecita, con empanadas, picadas criollas ($ 6.000, empanadas incluidas), y algún pastel como postre. Eso sí, siempre que haya buen tiempo, porque el camino es de tierra y el lugar es para estar al aire libre (chequear antes).

Cómo llegar. Campodónico está a 290 km de Bs. As. por autopistas Ricchieri y Ezeiza-Cañuelas, RN 205 hasta Saladillo, RP 51 hasta Tapalqué y RP 30.

Almacén Vulcano, la esquina más famosa de Gardey. Foto PB/ViajesAlmacén Vulcano, la esquina más famosa de Gardey. Foto PB/Viajes

Almacén Vulcano, Gardey

Desde Tandil hay que hacer 20 km por la ruta 226 y tomar la avenida Gregorini, acceso a Gardey. Allí, en el cruce con la Av. Independencia, el almacén Vulcano, primer inmueble de mampostería construido en el pueblo, es una esquina inconfundible desde hace casi 120 años.

Más antiguo que la localidad a la que precede, el Vulcano se convierte en centro de atención los fines de semana, cuando abre sus viejas puertas para lucir sus pisos y estanterías originales, al igual que el largo mostrador de madera, y tentar con empanadas, picadas, sándwiches, milanesas y las clásicas bondiolas al disco con papas fritas. E invita a visitar el Museo de Malvinas, junto al bar: más de 500 objetos relacionados con las islas y la guerra.

Y, claro, cuenta su historia. Esa que dice que a fines del siglo XIX el comerciante Juan Gardey tenía un almacén en Tandil, pero atento a la llegada del ferrocarril, construyó otro frente a una nueva estación, cuando el pueblo aún no existía.

El almacén abrió en 1902, antes de que Gardey fuera un pueblo.El almacén abrió en 1902, antes de que Gardey fuera un pueblo.

El “Almacén y Tienda Las Horquetas” abrió en 1902 en una parada de tren que fue convirtiéndose en pueblo de la mano de este boliche, que además de proveer productos, fue centro social, y llegó a ser uno de los almacenes más importantes de la zona.

En 1922 lo compró la familia Vulcano, que lo rebautizó, y luego pasó por otros dueños hasta llegar a “Panchi” Liverotti, quien convoca también para fechas especiales como el Día del Té, cada 21 de mayo, cuando prepara tés con budines caseros o alfajores.

Cómo llegar. De CABA son 371 km por autopistas Ricchieri y Ezeiza Cañuelas, RN 3 hasta Las Flores, RP 30 hasta Tandil, RN 226 y Av. Gregorini.

@historicoalmacenvulcano

Esquina de Argúas, desde 1817 en Coronel Vidal. Foto: Gaby SouléEsquina de Argúas, desde 1817 en Coronel Vidal. Foto: Gaby Soulé

La Esquina de Argúas, Mar Chiquita

Una antigua pulpería requiere un pulpero de ley, parece ser el lema de este boliche de Coronel Vidal, partido de Mar Chiquita. Generoso Villarino, ya cerca de los 90 años. cumplió hace más de 10 su sueño de ser pulpero, y atiende atrás del mostrador de La Esquina de Argúas, referente para la gente de campo desde hace más de 200 años.

La zona era muy diferente en 1817, cuando Juan Argúas abrió el boliche para abastecer de alimentos y productos varios a la zona, atender la oficina postal y, como todo pulpero, escuchar penas y alegrías de la gente que se reunía en el lugar a picar algo, beber, jugar a las cartas.

El boliche es atendido por Generoso Villarino, un pulpero de casi 90 años. Foto Gaby SouléEl boliche es atendido por Generoso Villarino, un pulpero de casi 90 años. Foto Gaby Soulé

Entonces no había veraneantes ni destinos de playa ni la ruta 2, que ahora pasa a 12 km del boliche. Pero sí estaba el antiguo Camino Real, que seguía hasta un sitio que más tarde sería Mar del Plata.

Hoy la construcción blanqueada a la cal sigue funcionando como siempre, y lo hará por lo menos mientras a Don Generoso le queden energías y pasión.

Por su historia, y porque por aquí pasaron personajes como Juan Lavalle, Juan Manuel de Rosas, Dardo Rocha o Molina Campos, el lugar pasó a formar parte del patrimonio cultural de Mar Chiquita.

Generoso Villarino, pulpero de ley en Esquina de Argúas. Foto: Facebook Cultura Mar ChiquitaGeneroso Villarino, pulpero de ley en Esquina de Argúas. Foto: Facebook Cultura Mar Chiquita

Abre al comenzar el día, y desde media mañana hasta la siesta es lugar de encuentro. Y más por la tarde, con las reuniones de parroquianos y turistas. Si ve la puerta cerrada, aplauda, que seguramente don Generoso saldrá a recibirlo.

Cómo llegar. A 363 km de Bs. As. por autovía 2 hasta Cnel. Vidal y camino provincial 069-09.

Facebook: Municipalidad de Mar Chiquita



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