24 de junio de 2024

un ascensor que recorre 84 pisos en 37 segundos y la megabola de acero antisísmica


Es mediodía y el cielo se tiñe de gris en Taiwán. Caminando por las calles de la capital uno se siente pequeño. Es difícil no asombrarse por las enormes edificaciones, sobre todo de noche cuando brillan en medio de la oscuridad. Pero, desde lejos, la estructura que más sobresale es un imponente rascacielos: el famoso Taipéi 101. Ese número tiene una historia detrás, pero describe también la cantidad de pisos que envuelven a este enorme bicho de 508 metros de altura y en el que cualquier visitante puede vivir la indescriptible experiencia de subir en ascensor 84 pisos en ¡37 segundos! enfundado un mar de sensaciones.

A priori cualquiera pensaría que la travesía no es apta para temerosos a las alturas. Sin embargo, es tan rápida la subida y aún más fascinante lo que sigue después -el inmenso paisaje 360- que es imposible no sentir ganas de repetir esta especie de viaje a los cielos de Taipéi.

Al ingresar al complejo por la calle Songhzhi emprendemos la aventura. Primero, nos subimos a un ascensor que nos dirige hasta el quinto piso, un fugaz recorrido como para ir agarrando ritmo y prepararnos para lo que viene.

Allí nos esperaba uno de los dos elevadores de alta velocidad que tiene una celeridad de ascenso de 1.010 metros por minuto. Sólo se necesitan 37 segundos para pasar del piso 5 al mirador del 89. Estos elevadores son los únicos inteligentes de alta velocidad del mundo equipados con dispositivos de presión constante, amortiguadores y sistemas de frenos cerámicos de alta temperatura.

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Clarín estuvo a Taiwán y vivió la experiencia del ascensor que recorre 84 pisos en 37 segundos y la megabola de acero antisísmica.

Nos subimos al 0B38 de la marca Toshiba, con capacidad para 24 personas y 1.600 kilos. Ya se siente un cosquilleo. De repente se apagan las luces y quedamos iluminados por una pantalla que muestra un dibujo del enorme rascacielos con unos datos: piso, altura, velocidad y tiempo. Sí, como si fuese la pantalla que tenemos delante del asiento de un avión, podemos seguir el recorrido segundo a segundo.

De repente, el techo del ascensor se convierte en un cielo estrellado. Es difícil no caer en la tentación de tomar el celular y comenzar a filmar. En los primeros diez segundos, ya subimos 14 pisos. Es sólo el comienzo.

La velocidad va en aumento y llega a tocar los 1010 m/min cerca del piso 45, a unos 200 metros de altura. Como para tomar dimensión, un pequeño rectángulo color rojo sobre el dibujo del rascacielos de la pantalla nos va indicando la incesante progresión.

Antes de llegar al piso 89, en sólo 37 segundos, el viaje nos va imprimiendo otras sensaciones internas, desde sentir que estamos en el aire, alguna breve palpitación y que se apunen nuestros oídos. La fascinación es tal que algunos no atinan a hablar y otros, por el contrario, relatan todo lo acontecido sin dejar detalle librado al azar.

El Taipéi 101 comenzó a tomar forma en 1999 y fue terminado en 2004. Foto: Bloomberg El Taipéi 101 comenzó a tomar forma en 1999 y fue terminado en 2004. Foto: Bloomberg

Finalmente, se abren las puertas y el show continúa. Nos recibe una enorme plataforma con ventanas panorámicas que ofrece a los visitantes una vista panorámica 360, desde donde se puede apreciar un tapiz urbano salpicado de parques, ríos y montañas verdes.

La perspectiva es cautivante. Los otros rascacielos -menores- se pierden en la bruma del día, mientras la ciudad se extiende hasta donde alcanza la vista, desde una altura que roza el cielo. Acá arriba el tiempo parece detenerse.

No hay guía, no hace falta. El 101 presenta carteles indicadores con el detalle de cada lugar que vamos conociendo acompañados por turistas de todos los rincones del mundo. Fue el caso de un grupo de mexicanos que se preparaba para el Campeonato Mundial de Towerrunning.

En el corazón de esta estructura se encuentra un enorme amortiguador sísmico, una esfera de acero de 660 toneladas suspendida entre los pisos 88 y 92.

El amortiguador sísmico, una esfera de acero de 660 toneladas suspendida entre los pisos 88 y 92. Foto: AFPEl amortiguador sísmico, una esfera de acero de 660 toneladas suspendida entre los pisos 88 y 92. Foto: AFP

Este ingenioso mecanismo actúa como un péndulo gigante: contrarresta los movimientos sísmicos y las ráfagas de viento fuerte, asegurando así la estabilidad y la seguridad de la torre durante las condiciones climáticas más extremas. Un claro ejemplo fue el mes pasado cuando el 101 resultó ileso frente al poderoso terremoto de magnitud 7,4.

El nombre técnico de la bola amortiguadora del viento es Tuned Mass Damper. Un TMD es un sistema pasivo adaptado a las necesidades del edificio. Su objetivo principal es reducir el balanceo provocado por los fuertes vientos para que trabajar en una torre tan alta sea cómodo.

Con aproximadamente 5,5 metros de diámetro, el amortiguador consta de 41 capas de chapa de acero sólido de 12,5 cm soldadas en una masa de esfera de oro.

Los sistemas de amortiguación ocultos tradicionales están fuera de la vista, pero el Taipéi 101 TMD es una atracción tanto funcional como estética. Incluso, los visitantes del mirador pueden vislumbrar el funcionamiento general del sistema de amortiguación.

La puesta de sol con el centro de Taipei en primer plano desde la plataforma del observatorio. Foto: EFELa puesta de sol con el centro de Taipei en primer plano desde la plataforma del observatorio. Foto: EFE

No todo termina en el piso 89. Por escalera, se puede subir hasta el 91 para conocer otro observatorio, pero al aire libre. Mientras el viento susurra sonidos extraños, pudimos capturar ese momento único con nuestras cámaras, intentando eternizar la magnificencia de la vista y la emoción del instante. Risas, gestos de asombro y selfies sin cesar acompañan la melodía visual y sonora que encapsula la esencia de Taipéi.

Para quienes quieran visitar el imponente 101, está abierto todos los días de 10 a 21 y para realizar la travesía hasta el piso 89 cuesta $1200 NT (unos US$ 37) por persona.

Taipei 101: origen, top mundial y anti terremoto

La torre Taipéi 101 es una de las estructuras más emblemáticas del mundo, no solo por su altura, sino por su significado cultural y arquitectónico. La historia es tan fascinante como su armazón.

El 101 genera admiración tanto en locales como en visitantes . Foto: EFEEl 101 genera admiración tanto en locales como en visitantes . Foto: EFE

La construcción, que se inició en 1999 y terminó en 2004, fue diseñada para soportar los tifones y terremotos que frecuentemente sacuden la isla. Su trazo, inspirado en una caña de bambú, simboliza la resiliencia y el crecimiento, elementos profundamente arraigados en la cultura taiwanesa.

Además, el número 101 no es casualidad. Representa el renacimiento y el progreso continuo, aludiendo al inicio de un nuevo siglo, que llegó cuando las torres estaban en construcción (100+1). Simboliza los altos ideales derivados de ir uno más allá del 100, un número tradicionalmente asociado a la perfección.

Diseñado por la firma taiwanesa C.Y. Lee & Partners, fue el edificio más alto del mundo desde 2004 hasta 2009, cuando fue superado por el Burj Khalifa en Dubai.

Al igual que otros edificios emblemáticos, al 101 le cambian a menudo su iluminación para festejar diferentes eventos. Fuegos artificiales y efectos de luces iluminan el cielo nocturno desde el rascacielos durante las celebraciones de Año Nuevo. Durante la invasión rusa a Ucrania se iluminó de azul y amarillo, colores representativos de la bandera del país que gobierna Volodimir Zelenski desde 2019.

Fuegos artificiales y efectos de luces iluminan el cielo nocturno desde el rascacielos Taipei 101 durante las celebraciones de Año Nuevo en Taipei, Taiwán, 01 de enero de 2022. Foto: EFEFuegos artificiales y efectos de luces iluminan el cielo nocturno desde el rascacielos Taipei 101 durante las celebraciones de Año Nuevo en Taipei, Taiwán, 01 de enero de 2022. Foto: EFE

Ubicada en el «anillo de fuego» del Pacífico, considerada como la zona con mayor actividad sísmica del mundo, la isla sufre cientos de sismos de diversa magnitud todos los años, debido a la fricción de las placas tectónicas filipina y euroasiática.

El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el mes pasado a Taiwán dejó al menos 12 fallecidos, 1.106 heridos y daños menores a infraestructuras y edificios. Se trata de números muy bajos comparados al terremoto de 1999 denominado «Jiji», referencia a la localidad donde se produjo, que dejó 2.400 muertos y 11.300 lesionados.

Helicópteros izan banderas de Taiwán con el Taipei 101 de fondo, durante un ensayo de sobrevuelo antes de la conmemoración del Día Nacional del Taiwán. Foto: EFEHelicópteros izan banderas de Taiwán con el Taipei 101 de fondo, durante un ensayo de sobrevuelo antes de la conmemoración del Día Nacional del Taiwán. Foto: EFE

Una de las explicaciones se basa a una combinación de mecanismos de respuesta eficientes y estrictos protocolos de construcción que llevó a cabo Taiwán los últimos años. Por ejemplo, para construir un edificio de más de quince metros hay que usar ciertos materiales y contratar a un tercero que supervise el cumplimiento de las regulaciones para velar por la integridad de la estructura.

Fue así que el 101, el rascacielos más alto e icónico de la capital, constituyó un ejemplo perfecto de este tipo de avances. En Taipéi, a sólo 130 kilómetros del epicentro, los edificios temblaron violentamente el mes pasado durante lo que fue el terremoto más fuerte de Taiwán en 25 años. Pero en un triunfo de la ingeniería moderna, el imponente 101 resultó ileso del último gran evento sísmico de la isla.



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